Esperanza para los animales, un acto revolucionario

Llevo unos 9 años como activista por los animales, y desde entonces, me veo a diario bombardeada por noticias desgraciadas: He visto, con mis propios ojos, animales mutilados, personas golpeando a su propio perro; programas de televisión donde quemaban animales vivos con total impunidad, y ya incontables casos de maltrato animal desgarrador.

Cada vez que soy testigo de estas injusticias, se me parte el corazón. Y casi cada vez que los animales están en la prensa, también es por una desgracia: Desde el anuncio de una corrida de toros, hasta la imagen desgarradora de un perro en Huelva (España) que habría sido atado a una gran piedra para que se ahogara.

La especial influencia de los mensajes negativos responde a un principio psicológico bien conocido: Por razones adaptativas, nos llaman más la atención las noticias o informaciones negativas (desgracias, peligros, malos resultados, prohibiciones, comentarios críticos) que las  positivas (éxitos, tragedias evitadas, elogios, recomendaciones positivas). Hace algunos años, un grupo de psicólogos estudió lo común que es ese sesgo negativo en los medios de comunicación: “Entre los periodistas y los profesionales de la comunicación se da por descontado que los acontecimientos adversos son más noticiables y atraen más la atención de los lectores. Las llamadas periódicas a que los medios se centren más en casos positivos y esperanzadores no suelen llevar a ningún sitio, no porque los periodistas sean sádicos o misántropos, sino porque las malas noticias hacen que se vendan más periódicos“. (Baumeister, Bratslavsky, Finkenauer & Vohs, 2001).

Las noticias negativas no sólo sirven para vender. También tienen otro efecto: Si nos vemos acosados por desgracias, muchas veces, la respuesta es la evitación y la desconexión emocional, para así “protegernos” y no vernos afectados por emociones negativas (1) (Shaw, Batson & Todd, 1994; Batson, 2008). Los activistas por los derechos animales lo experimentamos de primera mano muy a menudo: ¿Quién no ha compartido una imagen trágica sobre los animales y recibir respuestas como “no quiero verlo, porque no quiero dejar de comer carne”?

Cuando estamos bombardeados por noticias trágicas, ya sea que afectan a los animales, como a los demás seres humanos, puede parecer que poco de lo que hagamos marcará una diferencia. Entonces, no me importa. Si no hay nada que puedo hacer, ¿por qué el desastre humanitario en Filipinas me ha de importar?

Las noticias negativas, además, estimulan el miedo. Y el miedo, se manifiesta directamente en la amígdala cerebral -explica Srinivasan Pillay, profesor de psiquiatría de la Harvard Medical School-, y exactamente, en los mismos circuitos cerebrales que otras emociones como la alegría, la esperanza y la ilusión. Para Pillay (2010), si queremos enfrentar el miedo y la desazón, la esperanza es uno de los mejores “soldados”, porque bloquea el camino neuronal del miedo y la impavidez. Cambiar el cauce de comunicación neuronal por emociones más positivas, da forma a nuevas percepciones futuras y a nuestras respuestas en la vida cotidiana (adaptado de Blake, Byl, & Mercenich, 2002). Elegir qué da forma a nuestro cerebro, el miedo o la esperanza… ¿no es, quizás, la manera más poderosa de cambiarnos a nosotros mismos, para entonces, cambiar el mundo del que somos parte?

Imagen de Animals Australia

Una oportunidad a la esperanza

Vamos entonces a mejorar el uso de la esperanza. La esperanza no es una respuesta ni una solución, sino un estímulo a la imaginación, que nos orienta a plantearnos preguntas más adecuadas que aquellas que nacen desde el miedo o el catastrofismo (Pillay, 2010). Y no se trata de un optimismo ciego. Esperanza es sensación de posibilidad en lo nuevo, de buscar oportunidades en los cambios, y de actuar con creatividad ante un desafío. Así que vamos a romper la prohibición de las buenas noticias, y seamos narradores de avances reales que hoy mismo están cambiando las vidas de los animales. Y estoy convencida de que en el proceso, vamos a aprender a mirar una mala noticia de otra manera, poniendo luz sobre oportunidades para cambiar las vidas de los animales con lo que es posible aquí y ahora.

En el cambio de las pequeñas historias cambiamos la gran y peligrosa historia: El mito de nuestra propia impotencia. Pues aunque no lo tengamos en cuenta, lo que hacemos y decimos no sólo influyen en nuestro círculo más cercano, sino también en “los amigos de nuestros amigos y en los amigos de los amigos de nuestros amigos” (sí, la investigación sociológica prueba hasta dónde podemos llegar a influir en otros (2)).

Juntos, lo hacemos posible

Hace un tiempo atrás, psicólogos de la Universidad de Virginia desarrollaron un sencillo experimento que reveló la influencia del apoyo de los demás en cómo percibimos la consecución de una meta. En la experiencia, se situó a los pies de una colina, a un grupo de estudiantes con pesadas mochilas en sus espaldas. Los experimentadores les pidieron estimar qué tan empinada estaría la colina. Algunos estudiantes estaban junto a sus amigos, mientras que otros participaron a solas. El estudio mostró que los estudiantes que tenían a sus amigos cerca, estimaron que la colina tenía menos inclinación que quienes no tenían amigos junto a ellos. Además, mientras más antigua era la amistad, la colina parecía aún menos empinada (Schnall, Harber, Stefanucci & Proffitt, 2008). Otras investigaciones muestran resultados similares: Al momento de estimar el peso objetivo de una caja, creemos que es más liviana si pensamos que podemos contar con el apoyo de alguien más para levantarla (Doerrfeld, Sebanz, Shiffrar, 2012).

Con compañeros de nuestro lado, los desafíos que drenan la esperanza se ven menos desalentadores. Sabiendo esto, podemos buscar activamente a aquellos que comparten nuestra preocupación por los animales y nos animan a ser valientes por aquellos que no pueden defenderse. Hay campañas y organizaciones que necesitan nuestro apoyo, para continuar cambiando la historia de los animales. Ayer, sin ir más lejos, la campaña de AnimaNaturalis #CircosSinAnimales, consiguió que Querétaro sea el primer estado de México en prohibir los circos que utilizan animales. ¡Eso es poder! Ésa es la esperanza honesta: Actuar, a pesar de las incertidumbres, para volver real lo que aún no parecía posible. O como dijo Nelson Mandela, “todo parece imposible hasta que se hace”.

05.12.2013. Compañeros de AnimaNaturalis México, tras la votación unánime que prohibió los circos con animales en el estado de Querétaro.

Nuestro poder colectivo es nuestra mejor arma para construir paz y un trato digno para todos/as. Es la única luz de justicia para los animales. Juntos, podemos hacer mucho más que dejar de comprar una crema que prueba en animales. Juntos, hemos conseguido que los gobiernos de la Unión Europea desechen las pruebas en animales con fines cosméticos de manera definitiva. Juntos, podemos hacer más que una denuncia por el maltrato de un perro… juntos, podemos cambiar las leyes que regulan el trato a ese perro y a miles de otros animales.

Ser un activista, de cualquier causa, es estar dispuesto a enfrentar desafíos sin precedentes. Es aprender a aceptar el mundo tal cual es ahora, aunque no nos guste y nos duela. Cuando aceptamos lo que es, nos miramos a nosotros y a la sociedad con honestidad. Y sólo entonces podemos comprender en qué medida es posible construir cambios para los demás animales. Y allí tenemos dos opciones: Estar abiertos a lo que es hoy posible y ser creativos con lo que ahora es y existe, o vernos sumidos en la desesperación y la desesperanza. Podemos crear y construir soluciones hoy, cada día. En un mundo egoísta, compartir alternativas es un acto revolucionario. Ser esperanza para los animales, también.

(1) Este fenómeno es conocido como evitación de la empatía en estudios de Shaw, Batson y Todd, 1994.

(2) Para más detalle, ver investigaciones recientes de Christakis y Fowler (2009) sobre influencia social a través de relaciones sociales.

Referencias bibliográficas 

Batson, D. 2008. Empathy-Induced Altruistic Motivation. En Mikulincer, M. & Shaver, P. R. (Eds.), Prosocial motives, emotions, and behavior: The better angels of our nature (pp. 15-34). Washington, DC: American Psychological Association.

Baumeister, R., Bratslavsky, E., Finkenauer, C. & Vohs, K. 2001. Bad Is Stronger Than Good. Review of General Psychology, 5, 4, 323-370.

Blake, D.T., Byl, N.N. & Mercenich, M. 2002. Representation of the hand in the cerebral cortex. Behavioral Brain Research, 135, 179-184.

Christakis, N. & Fowler, J. 2009. Connected: The Surprising Power of Our Social Networks and How They Shape Our Lives. Nueva York: Little, Brown and Company.

Doerrfeld A., Sebanz N., Shiffrar M. 2012. Expecting to lift a box together makes the load look lighter. Psychol. Res. 76, 467–475.

Pillay, S. 2010. Life Unlocked: 7 Revoluntionary Lessons to Overcome Fear. Nueva York: Rodale Books.

Schnall, S., Harber, K., Stefanucci, J. & Proffitt, D. 2008. Social Support and the Perception of Geographical Slant. Journal of Experimental Social Psychology, 44; 1246–1255.

Shaw, L., Batson, C., & Todd, R. (1994). Empathy avoidance: Forestalling feeling for another in order to escape the motivational consequences. Journal of Personality and Social Psychology, 67, 879-887.

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