Salvar animales sin morir en el intento

Durante mis años como activista, he visto muchos compañeros agotados. Varios de ellos han terminado abandonando la defensa de los animales, y yo misma también he optado por períodos de inactividad.

La fatiga crónica, la ineficacia, baja autoestima y/o sensación de futilidad, además de la negación de estar sobrepasado son las señales más frecuentes. En Psicología, estos síntomas se asocian al “síndrome de burnout” o “síndrome del quemado”, un padecimiento que, a grandes rasgos, se origina por estar constantemente expuesto a factores de estrés emocional e interpersonal. Fue primeramente detectado en policías (Bradley, 1969) y en profesionales de la salud (Freudenberger & Richelson, 1980).

Más recientemente, otros autores han descrito el burnout en personas que se ocupan del cuidado de otros, llamándole “fatiga por compasión” o “desgaste por empatía” (Figley, 1995). La compasión, entendida como una profunda empatía por otro que está sufriendo, es habitualmente acompañada por un fuerte deseo de aliviarle el dolor o resolverle sus problemas. Las dificultades sobrevienen cuando la angustia por el sufrimiento de otro se instala progresivamente, pudiendo llegar a volverse crónica.

Cuando nos reconocemos en colapso emocional, abandonar o reducir el nivel de activismo puede ser la decisión más sana. Sin embargo, en la mayoría de los casos, ésta no es una decisión a voluntad y además, es condenada o vivida con culpa, pues creemos que no podemos darnos el lujo de descansar mientras tantos animales padecen en manos de los seres humanos.

Cuando un activista se quema, suele disminuir la calidad de su trabajo. Antes de retirarse, insiste en continuar rindiendo al ritmo de antes, pero trabaja a medias o con una calidad mediocre. Así comienza a dañar su autoestima, siente que su trabajo es inútil, y las relaciones con sus compañeros también se deterioran. Priva a su organización y al movimiento de su valiosa experiencia y conocimientos y deja de ser una inspiración para los activistas más jóvenes: es más, en ocasiones se transforma en fuente de constantes conflictos, alimentando un círculo vicioso de agotamiento.

El burnout es tan común entre los activistas, que a veces parece una consecuencia inevitable de quienes nos ocupamos de la defensa de los animales. Sin embargo, creo que no es así: uno elige quemarse y por lo tanto, es totalmente evitable.

El burnout puede tener muchas causas, pero quizás todas convergen en una: No aceptarse a sí mismo y vivir en conflicto con nuestras necesidades y valores.

Estoy convencida de que cada activista, a su manera, da lo mejor de sí para defender a los animales. Pero, en ocasiones, el activismo absorbe tanto de nuestro tiempo y energía, que nos confundimos y limitamos la concepción de nosotros mismos a ser sólo activistas. Entonces, no somos capaces de vivir una vida para nosotros mismos, que nos refleje como seres complejos y multidimensionales. Centramos nuestra vida en la preocupación por los animales, excluyendo otras áreas importantes, incluido el ocio y disfrutar tantos otros placeres de la vida.

María Eugenia (México) celebra los 10 años de AnimaNaturalis.

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No sabemos o decididamente no construimos conscientemente una vida congruente con nuestros valores y necesidades. Demandamos dignidad, respeto y compasión para los demás animales, pero no somos capaces de conceder esas mismas consideraciones al primer animal que tenemos a la mano: nosotros mismos.

Permitimos que otros controlen nuestros tiempos y prioridades. Tenemos aprehensiones u otras dificultades emocionales que nos impiden plantearnos con seriedad el ser eficientes por los animales, o vivimos en la falsa ilusión de que debemos hacernos cargo del sufrimiento de todos (sí, todos) los animales. Y como si fuera poco, nos exigimos subsanar la historia de siglos de negligencia, maltrato y de abuso de animales en cosa de días. Así, el desgaste está garantizado.

El burnout también aparece por la percepción de que se ha estado trabajando demasiado duro, o haciendo enormes sacrificios para conseguir tan poco. Aquí me detengo en la palabra “percepción”: no son tanto los hechos objetivos, sino el significado que les damos a esos hechos lo que determina nuestra satisfacción o no. Rescatar a un perro del abandono es un hecho objetivo y puedo significarlo como un gesto inútil, porque hay miles de otros animales en su situación y no puedo salvarlos a todos; o puedo estar conforme de que he transformado por completo la vida de un animal y haré lo posible con otros. Tú eliges.

Mi única alternativa para el burnout es la verdad. Reconocer quién eres, cuáles son tus valores y cuáles son tus necesidades. Y tener el coraje de aceptar y reorganizar tu vida alrededor de esa verdad. Puedes tener la romántica fantasía de sacrificar toda tu vida para salvar animales, pero si no eres el tipo de persona que puede seguir siendo feliz (y por ende, eficaz) viviendo en privación y austeridad, probablemente, ésa no sea una meta muy realista.

¿Qué es realista para ti? ¿Qué sabes hacer? ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar? Esa es tu verdad. La mía, es hacer por los animales lo que sea coherente con mis capacidades, con mis valores y necesidades. Tu verdad para salvar animales es, en definitiva, aquello que te auto-realiza y te permite salvar vidas de manera feliz.

Ahora, ¿es lícito ocuparme de mi felicidad cuando hay tantos animales sufriendo en el mundo y tantas otras injusticias? Yo me pregunto: Si un enfermo está sufriendo, ¿tiene el médico que acostarse a su lado y sufrir también? ¿Tiene sentido que el médico se acueste con el enfermo y se contagie por compasión? ¿Lo ayudará en algo?

Quemarse o sufrir por “compasión” no sirve para nada. Al contrario, creas más sufrimiento del que ya existía en el mundo. Tal como el médico no necesita estar enfermo para cuidar al paciente -sino que tiene que estar sano para ayudar al otro-, los animales no necesitan que lloremos o nos lamentemos por ellos. Cuanto más sano se esté, mejor; cuanto más feliz se es, también.

Rescates animales abandonados, impartas cátedras sobre derechos de los animales, trabajes a pie de calle recolectando firmas para una campaña, sea lo que sea que hagas por los animales, tu trabajo será más eficiente si evitas quemarte y te permites cambiar el mundo con serenidad y calma. Entonces serás capaz de comprender tu trabajo con más claridad, perspectiva y actuar de mejor forma: serás mucho más útil para los animales y para quienes los defienden contigo.

Descubre cuál es tu verdad. Qué es realista para ti. Cuando eres consciente y aceptas tu verdad para salvar a los animales, conocerás tus posibilidades y tus límites: cómo y hasta dónde puedo transformarme a mí y construir más paz para los otros. No intentes dar paz a los demás animales si ni siquiera te has dado paz a ti mismo, pues ¿cómo podrías compartir aquello que no tienes?

Referencias

Bradley, H.B. (1969, julio). Community-based treatment for young adult offenders en Crime and Delinquency 15 (3): pp. 359-370.

Figley, C. R. 1995. Compassion fatigue: Coping with Secundary Traumatic Stress Disorder in those who treat the traumatized. Nueva York: Brunner/Mazel Publishers.

Freudenberger, H. & Richelson, G. (1980). Burnout: The High Cost of High Achievement. Nueva York: Anchor Press.

 

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